Saltar al contenido

Compartir y privacidad

Amigos, perfil público, clasificación y qué se ve de ti. Todo apagado hasta que tú lo enciendas.

Amigos

Si quieres, puedes compartir lo que ves con quien tú elijas. Nadie puede seguirte sin permiso: la amistad se acepta, y se deshace cuando quieras.

Invitar

  • Por correo. Va dirigida a esa persona: en cuanto la acepte, sois amigos.
  • Con un enlace, un código o un QR. Como los puede reenviar cualquiera, no dan amistad directamente: quien los use te aparecerá pidiéndotelo y decides tú.

El código son seis caracteres y no lleva ni O ni I ni ceros ni unos, precisamente para poder decirlo en voz alta sin que se confunda. Solo hay un enlace vivo a la vez: generar otro invalida el anterior.

El QR es para cuando tienes a esa persona delante. Está en «Enseñar el QR», dentro del mismo apartado, y puedes sacarlo tantas veces como quieras mientras la invitación siga viva —el enlace, en cambio, se enseña una sola vez y no se guarda—. Lleva dentro el mismo código, así que escanearlo no os hace amigos: a quien lo apunta con la cámara se le abre la pantalla con el código puesto, pulsa, y te llega la petición.

Qué ve un amigo

Lo que has terminado y lo que estás viendo, con sus fechas y tus valoraciones. Lo demás viene apagado y lo enciendes tú desde «Amigos», casilla a casilla:

  • Lo que quieres ver. Es una lista de intenciones, no de hechos, y mucha gente apunta ahí cosas que no quiere anunciar.
  • Las obras que te definen. Son 24 en toda una vida y para mucha gente dicen más que el resto de la biblioteca junta.
  • Lo que tienes en físico. Sirve para que un amigo sepa que tienes ese libro y pueda pedírtelo. Sale qué tienes y en qué formato, y nada más: ni dónde lo guardas, ni lo que te costó, ni a quién se lo prestaste. Lo primero diría dónde vives; lo último es el nombre de alguien que no ha decidido nada.

Tus notas privadas no las ve nadie nunca, se encienda lo que se encienda: no hay ningún interruptor que las comparta. Y desde cualquier ficha puedes esconder una obra suelta. Y esconder es esconder: a tus amigos no se les dice cuál, ni cuántas, ni que haya nada escondido. Ese hueco no existe para ellos.

Al dejar de ser amigos, se corta por los dos lados al momento.

Tu perfil público

Es una página con tu biblioteca y una dirección corta — app.delistado.com/p/loquesea— que puedes pasarle a quien quieras: por mensaje, en tu perfil de otro sitio, donde sea.

Nace apagada. Mientras no la enciendas, esa página no existe: quien pruebe la dirección se encuentra exactamente lo mismo que si hubiera escrito una inventada.

Qué enseña

Al encenderla, solo lo que has terminado. Lo demás se enciende uno por uno: las fechas, tus valoraciones, lo que tienes a medias, lo que quieres ver, las obras que te definen y lo que tienes en físico.

Las fechas también nacen apagadas, aunque con tus amigos se compartan de serie. No es un descuido: a un amigo lo aceptas tú, y un enlace lo puede reenviar cualquiera. Decir cuándo viste algo dice cuándo estabas en casa y cuándo cambió tu vida.

Tu nombre, si no quieres que sea el tuyo

Puedes ponerle otro nombre solo para esa página. El de tu cuenta no aparece, y tus amigos y tu hogar siguen viéndote como siempre.

Público no es lo mismo que «en Google»

Que le pases el enlace a alguien es una cosa; que tu página salga cuando alguien busca tu nombre es otra muy distinta. Por eso son dos interruptores, y el de los buscadores está apagado también. Si lo enciendes, ten en cuenta que lo que Google ya haya guardado tarda en desaparecer aunque lo apagues después.

Lo de siempre, aquí también: tus notas privadas no salen nunca, ni las tuyas de cada visionado, y lo que hayas escondido desde su ficha tampoco. Ni se dice que falte nada.

Se configura en Cuenta → Tu perfil público, y apagarlo lo apaga en el momento.

Dónde se ven los de los demás

En app.delistado.com/es/perfiles están todos los perfiles encendidos, con su frase y de qué van sus bibliotecas. Es el sitio para curiosear qué guarda otra gente, y también desde el menú, en «Perfiles».

Aparecer ahí es exactamente lo mismo que encender el perfil: no hay un interruptor aparte porque no tendría sentido —encenderlo ya significa «cualquiera con el enlace puede verlo», y esta página es lo que hace que ese enlace exista—. Si lo apagas, desapareces del listado en el momento. Y el listado no enseña nada que tu perfil no enseñe ya: si tienes las fechas apagadas, ahí tampoco salen.

Puntos, rachas y niveles

Cada cosa que haces suma puntos, y hay un detalle que conviene entender porque explica todo lo demás: lo que más puntúa es poner la fecha real de algo que viste hace años (8 puntos), y marcar una obra puntúa poco (2). No es un descuido. Si marcar diera muchos puntos, saldría a cuenta marcar cosas que no has visto — y un diario que no es verdad no sirve para acordarse de nada.

Importar tu historial da 30 puntos porque rescata años de golpe; corregir una ficha mal emparejada da 10 porque tu historial deja de mentir; escribir una nota da 5 porque es lo que dentro de años convierte una lista en un recuerdo. Buscar da 1. Cada acción tiene un tope diario, así que no se puede repetir lo mismo cien veces.

La racha cuenta los días seguidos que entras. Entrar suma 5 puntos y cada siete días seguidos hay 25 más. Si un día no entras, vuelve a empezar: una racha que sobrevive a un mes sin aparecer no es una racha.

Los niveles son siete y tienen nombre de oficio de quien guarda cosas, no de videojuego: Curioso, Aficionado, Coleccionista, Archivista, Bibliotecario, Cronista y Memoria viva, a partir de 6.000 puntos.

La clasificación general viene apagada

Si quieres salir en ella tienes que entrar y activarla, y eliges un alias: nunca aparece tu nombre ni tu correo. Y solo se ve la puntuación — nunca qué has leído ni qué tienes. La del hogar sí lleva nombres reales, porque quien comparte casa ya sabe cómo se llaman los demás, pero tampoco enseña la biblioteca de nadie.

Y desde agosto de 2026, el alias de quien tenga además perfil público es un enlace: pinchas y ves su archivo. Hacen falta las dos cosas, y las dos las decides tú — salir en la clasificación se enciende aparte y el perfil público también. Quien tenga una y no la otra sigue siendo un alias a secas, que es lo que ha pedido.

«Esto no lo vi yo»

Los historiales no distinguen perfiles. Si en tu casa alguien más ve con tu cuenta, su consumo entra como tuyo — y entonces tu biblioteca miente y tus estadísticas también.

En cualquier ficha, «Esto no lo vi yo» tiene tres salidas:

  • Lo vio otra persona de la casa. Se le propone; entra en su biblioteca con las fechas originales solo si lo acepta.
  • Fue alguien de casa, no sé quién. Sale de tu historial y no cuenta para nadie, pero el dato no se pierde. Es la que más se usa: quien vio esas cuarenta series a lo mejor no tiene cuenta.
  • Quitarlo del todo.

En los tres casos, la próxima importación ya no te lo devuelve. Y si te equivocas, «me equivoqué, sí era mío» te lo devuelve con sus fechas.

Cuando una importación mete cientos de obras, limpiar de una en una es inviable: en Importar tienes «Repasar lo importado», con todo lo que entró solo, marcado con casillas y con lo más sospechoso arriba —lo infantil y los maratones—. Se apartan veinte de golpe.

Ya puedes crear tu cuenta

Es gratis, no pide tarjeta y no hace falta que nadie te invite. Se entra con un enlace al correo: ni siquiera tienes que inventarte una contraseña.

Crear mi cuenta

Tu biblioteca nace privada y no aparece en buscadores. Lo que se guarda y durante cuánto está en la política de privacidad. · Ya tengo cuenta